Porque Kuwait también existe
Escuchando desde lejos el informativo de Telecinco celebrar que las mujeres podrán votar en Kuwait , he oído como decían algo así como "es una muestra más de las contradicciones de este país, donde las mujeres tienen puestos importantes en las empresas privadas pero no pueden votar o conducir". Bueno, no sé si es una contradicción o no. Lo que sí sé es que es normal en una economía libre.
En Estados Unidos, a principios del siglo XX, eran las instituciones del Estado o las empresas que, como en telefonía, explotaban un monopolio público las que más discriminaban a los negros. Los empresarios, racistas o no, se veían obligados a contratar negros para seguir manteniendo la rentabilidad de su empresa. Si preferían no hacerlo, otro empresario se aprovechaba de los salarios bajos que podía pagarles (al estar menos demandados) con respecto a los blancos y mejorar con respecto a la competencia, que debía contratar también negros para poder reducir sus costes laborales y así ofrecer precios comparables.
En cambio, ni el estado ni una empresa, pública o no, ha de tener en cuenta los costes de sus acciones. Si ser racista y no contratar negros hace aumentar los costes, ¿qué mas da? Esos costes extra no los va a pagar el racista. Lo pagarán los contribuyentes o ese mercado cautivo. Dicho de otro modo, ser racista o machista (o feminista de cuota) es gratis en el gobierno y aledaños y caro en la empresa privada.
Asi pues, poco me extraña que las mujeres en Kuwait estén mejor en la empresa privada que en cuestiones que dependan del estado.
Daniel Rodríguez Herrera, espléndido lector de Sowell, da en la diana con este penetrante análisis. Repitan conmigo: "Lo que sí sé es que es normal en una economía libre".
En Estados Unidos, a principios del siglo XX, eran las instituciones del Estado o las empresas que, como en telefonía, explotaban un monopolio público las que más discriminaban a los negros. Los empresarios, racistas o no, se veían obligados a contratar negros para seguir manteniendo la rentabilidad de su empresa. Si preferían no hacerlo, otro empresario se aprovechaba de los salarios bajos que podía pagarles (al estar menos demandados) con respecto a los blancos y mejorar con respecto a la competencia, que debía contratar también negros para poder reducir sus costes laborales y así ofrecer precios comparables.
En cambio, ni el estado ni una empresa, pública o no, ha de tener en cuenta los costes de sus acciones. Si ser racista y no contratar negros hace aumentar los costes, ¿qué mas da? Esos costes extra no los va a pagar el racista. Lo pagarán los contribuyentes o ese mercado cautivo. Dicho de otro modo, ser racista o machista (o feminista de cuota) es gratis en el gobierno y aledaños y caro en la empresa privada.
Asi pues, poco me extraña que las mujeres en Kuwait estén mejor en la empresa privada que en cuestiones que dependan del estado.
Daniel Rodríguez Herrera, espléndido lector de Sowell, da en la diana con este penetrante análisis. Repitan conmigo: "Lo que sí sé es que es normal en una economía libre".

